Tenía este rincón, premeditadamente, algo olvidado en cuanto a mi participación. Entendía que después de la dimisión del anterior Presidente de la Cofradía y la cantidad de acusaciones y algunas otras lindeces, sin fundamento, que tanto contra mi como contra otros asiduos colaboradores de este Blog y cofrades discrepantes se han estado diciendo, debería de dejar pasar el tiempo suficiente hasta que la verdad fuese aflorando, ya que, entendía y entendíamos, que nada se conseguiría en una discusión “bloguera”; sobre todo cuando la mayoría de las opiniones se firman como anónimos.
Una vez iniciada la aventura de este “Capuces Negros”, los colaboradores-administradores nos impusimos, como norma obligada, firmar con nuestros nombres y respetar todos los comentarios. Entendíamos que nosotros nada tenemos que ocultar (de eso seguro que nadie duda) y éramos conscientes de que estábamos en posesión de una parte muy importante de la verdad. El devenir de los acontecimientos en estos tres meses posteriores a la dimisión (si dimitió, ¿por qué anduvo y anda revolviendo tanto?) del Presidente Castro, nos va dando la razón (mucho más y más rápido de lo que pensábamos), a quienes públicamente, y en donde correspondía, manifestamos nuestras dudas sobre la gestión y secretos deseos del hoy ex Presidente. Nunca entré, ni yo ni quienes conmigo participaron en los distintos actos y escritos, en descalificaciones personales ni en la vida íntima de las personas. Ni creo que hayamos manifestado intención de participar en elecciones, nada más lejos. Sí es cierto que, como consecuencia de nuestra crítica, parecía lógico que presentásemos una alternativa y es cierto que surgió el comentario, pero no pasó de ahí. Si hubo quien, habiendo participado en varias reuniones, habló como quiso y en donde le dio la gana. Él sabrá. La postura crítica se acentúo cuando pude, tanto yo como los demás que participamos, comprobar el triste y penoso espectáculo en la elección del organizador del Tercio al que pertenezco. Por cierto hoy reconocido tal hecho por todos sin excepción.
Y ¿a que viene este preámbulo ahora? Pues a que me sorprende enormemente el tono del comentario en el post anterior, rubricado por Luis, de quien firma como Mafer y aclara que se llama María Fernandez y dice ser, y lo será, administradora del Blog de la Amargura; pues encantado de conocerte, al menos por aquí. No te conozco, que yo sepa; no sé quien eres, pero la verdad es que a estas alturas que escribas lo que has escrito, cuando menos es sorprendente. No creo, mi querida amiga, que el chantaje o el insulto que dices hayan salido de aquí. Tampoco pretendo discutir a estas alturas de mi vida como se vota en democracia, y menos dar lecciones de nada. Simplemente he y hemos manifestado, a lo largo de este tiempo, una postura coherente y de no conformidad con la gestión social y económica de la Cofradia. Que por cierto, se reconoció por parte de la Junta Directiva, en la asamblea misma las deficiencias que criticamos. Asamblea que desde luego no fue un ejemplo alguno de democracia. Y además supongo que tengo y tenemos el derecho a discrepar y a equivocarnos. ¿O no?
Mi querida amiga y hermana, aquí en este Blog no nos cuestionamos si un comentario ha de estar o no. Incluso los hay insultando, seguro que los has leído, y ellos (los comentarios) reflejan una parte de la realidad social de la Hermandad. Pero, repito no pretendo dar lecciones de nada.
María no tengo inconveniente alguno en vernos en la próxima asamblea, será un placer poder debatir en libertad nuestras discrepancias relacionadas con la Cofradia. Y antes cuando quieras; será un placer cambiar impresiones contigo y, claro está, con quien lo desee. Para ello solo tienes, o quien así lo quiera, que pedirle a alguno de los miembros de la Junta Directiva que te ponga en contacto conmigo. Repito, será un placer charlar contigo.
Pero también me anima a escribir los acontecimientos que han sucedido estos días y no puedo hoy abstraerme de ellos. No voy a comentar nada, creo que por si mismos dicen todo y más. Desde aquí vuelvo a pedir cordura y sensatez. Que sepamos distinguir las cosas, que no mezclemos personas con Cofradia y estemos a la altura del sentido “Cofrade” que se supone tenemos. Lo que está sucediendo es muy serio y muy grave, quizás más de lo que nos podamos imaginar. Son demasiados rumores y realidades que es momento de intentar aparcar, no olvidar, y trabajar porque la Semana Santa sea lo que debe ser: Patrimonio de todos; importante manifestación ferrolana, e identidad de un pueblo como es Ferrol. De nadie más. Y somos nosotros los que hemos de dar solución, con el espíritu que se recoge en la fundación de la Cofradia.
Un saludo y ánimo.
>Carlos García.